¿Conejo o tortuga: ¿Qué es mejor?
- HERVE IMBERT
- 14 oct 2024
- 2 Min. de lectura
La fábula clásica nos cuenta que la tortuga gana la carrera contra el conejo, enseñándonos una lección sobre la perseverancia y la importancia de no subestimar a los demás. En la vida real, se han realizado eventos para poner a prueba esta moraleja, y sorprendentemente, hay casos en los que la tortuga ha ganado realmente, demostrando que a veces la constancia supera a la velocidad.
Esto demuestra la importancia de la constancia y el esfuerzo sostenido en el trabajo. A pesar de que el conejo es más veloz, su exceso de confianza, su capacidad de distraerse del objetivo o de empezar una tarea y no terminarla o cansarse una vez empezada, y su falta de constancia lo hacen perder ante la tortuga, que avanza de forma lenta pero ininterrumpida.
En el entorno laboral, frecuentemente aquellos que se dedican a trabajar de manera disciplinada y persistente obtienen mejores resultados a largo plazo que los que se apoyan solamente en su talento o rapidez inicial.
¿Cuál eres tú? ¿Tortuga o conejo?
No obstante, como sucede con todo, no hay una respuesta simple, binaria, a estas cuestiones. En ciertos trabajos, la meticulosidad no es solo deseable, sino esencial para prevenir errores, arruinar el trabajo y sus resultados, e incluso, dependiendo del rol, provocar catástrofes o la muerte: arquitectos, médicos, enfermeros, etc., donde la meticulosidad, la precisión, el cuidado y la constancia son absolutamente cruciales.
Por otro lado, hay profesiones donde la habilidad para reaccionar rápidamente y ofrecer soluciones a problemas complejos requiere de una mente ágil en pensamiento, movimiento, innovación y valentía para emprender y avanzar un proyecto. Frecuentemente, aquellos perfiles ideales para iniciar una iniciativa innovadora no son los mismos que pueden administrarla y, aunque sean capaces, la monotonía de la rutina puede resultar aburrida, empujándolos a buscar nuevos retos y problemas que resolver.
Los pioneros no siempre son buenos colonos, en parte porque son los que enfrentan los mayores riesgos y pueden perecer, pero también porque son perfiles distintos y ambos son necesarios en la sociedad.



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